Santa María del Mar
-Esto no es una catedral -oyeron a sus espaldas. Arnau y Joanet se miraron y sonrieron. Se volvieron e interrogaron con la mirada a un hombre fuerte y sudoroso cargado con una enorme piedra a sus espaldas. ¿Y qué es?, parecía decirle Joanet sonriendo-. La catedral la pagan los nobles y la ciudad; sin embargo esta Iglesia, que será más importante y más bella que la catedral, la paga y construye el pueblo.
Canvis Nous y Canvis Vells
Guillem le sostuvo la mirada-¿Acaso no te gusta,amo?-añadió.
-Si...,claro que me gusta.¿Es adecuada?
-Por supuesto.No podría ser mejor. Mira-le dijo señalándola-,está justo en la esquina de las dos calles de los cambistas: Canvis Nous y Canvis vells.¿Qué mejor casa que ésta?
Calle Consolat del Mar
-¿Arnau Estanyol? -preguntó el oficial dirigiendose directamente a él.
-¿Qué significa esto? -bramó Arnau-. ¿Cómo os atréveis a interrumpir...?
El oficial siguió andando hasta plantarse frente a Arnau.
-¿Eres Arnau Estanyol, cónsul de la Mar, barón de Granollers...?
-Bien lo sabéis, oficial -le interrumpió Arnau-, pero...
-Por orden del tribunal de la Santa Inquisición quedais detenido. Acompañadme.
Calle Montcada
Y, a su lado, alguien a quien Arnau había privado de su casa, su fortuna i su estilo de vida: Genís Puig, que, tras el desahucio, tuvo que ocupar la vieja casa de Navarcles que perteneció a su abuelo, el padre de Grau. Una casa que poco tenía que ver con el palacio de la calle Montcada donde había transcurrido la mayor parte de su vida.
Plaça del Blat
Tenia...-corrigió Pere con voz cansina-; lo han ahorcado en la plaça del Blat junto a nueve alborotadores más.
Mariona volvió a llevarse las manos al rostro, pero de repente se las quitó.
-Arnau...-exclamó dirigiéndose a la puerta, pero se quedó a medio camino al oir las palabras de su esposo:
-Déjalo, mujer. A partir de hoy no volverá a ser un niño.
Calle de Marlet
Amo y esclavo lo vigilaban al pie de la cama mientras otra esclava le ponía compresas frías en la frente. Así llevaban ya una semana, durante la cual Arnau recibió los mejore cuidados de los médicos judíos y la atención constante de la familia Crescas y de sus esclavos, en especial de Sahat, que velaba día y noche al enfermo.
Palacio del obispo
Guillem permaneció junto a la puerta mientras los otros seis, armados, se plantaban frente a Nicolau. Uno de los consejeros de adelantó al grupo.
-¿Qué...? -empezó a decir Nicolau.
-La host de Barcelona -lo interrumpió el que se había adelantado, alzando la voz por encima de la del inquisidor- is irdena entregarle a Arnau Estanyol, cónsul de la Mar.
-¿Osáis dar ordenes a la Inquisición? -preguntó Nicolau.
El consejero no apartó la mirada de Nicolau Eimeric.
-Por segunda vez -advirtió-. La host os ordena entregar al cónsul de la Mar de Barcelona.
-Esto no es una catedral -oyeron a sus espaldas. Arnau y Joanet se miraron y sonrieron. Se volvieron e interrogaron con la mirada a un hombre fuerte y sudoroso cargado con una enorme piedra a sus espaldas. ¿Y qué es?, parecía decirle Joanet sonriendo-. La catedral la pagan los nobles y la ciudad; sin embargo esta Iglesia, que será más importante y más bella que la catedral, la paga y construye el pueblo.
Canvis Nous y Canvis Vells
Guillem le sostuvo la mirada-¿Acaso no te gusta,amo?-añadió.
-Si...,claro que me gusta.¿Es adecuada?
-Por supuesto.No podría ser mejor. Mira-le dijo señalándola-,está justo en la esquina de las dos calles de los cambistas: Canvis Nous y Canvis vells.¿Qué mejor casa que ésta?
-¿Arnau Estanyol? -preguntó el oficial dirigiendose directamente a él.
-¿Qué significa esto? -bramó Arnau-. ¿Cómo os atréveis a interrumpir...?
El oficial siguió andando hasta plantarse frente a Arnau.
-¿Eres Arnau Estanyol, cónsul de la Mar, barón de Granollers...?
-Bien lo sabéis, oficial -le interrumpió Arnau-, pero...
-Por orden del tribunal de la Santa Inquisición quedais detenido. Acompañadme.
Calle Montcada
Y, a su lado, alguien a quien Arnau había privado de su casa, su fortuna i su estilo de vida: Genís Puig, que, tras el desahucio, tuvo que ocupar la vieja casa de Navarcles que perteneció a su abuelo, el padre de Grau. Una casa que poco tenía que ver con el palacio de la calle Montcada donde había transcurrido la mayor parte de su vida.
Tenia...-corrigió Pere con voz cansina-; lo han ahorcado en la plaça del Blat junto a nueve alborotadores más.
Mariona volvió a llevarse las manos al rostro, pero de repente se las quitó.
-Arnau...-exclamó dirigiéndose a la puerta, pero se quedó a medio camino al oir las palabras de su esposo:
-Déjalo, mujer. A partir de hoy no volverá a ser un niño.
Calle de Marlet
Amo y esclavo lo vigilaban al pie de la cama mientras otra esclava le ponía compresas frías en la frente. Así llevaban ya una semana, durante la cual Arnau recibió los mejore cuidados de los médicos judíos y la atención constante de la familia Crescas y de sus esclavos, en especial de Sahat, que velaba día y noche al enfermo.
Palacio del obispo
Guillem permaneció junto a la puerta mientras los otros seis, armados, se plantaban frente a Nicolau. Uno de los consejeros de adelantó al grupo.
-¿Qué...? -empezó a decir Nicolau.
-La host de Barcelona -lo interrumpió el que se había adelantado, alzando la voz por encima de la del inquisidor- is irdena entregarle a Arnau Estanyol, cónsul de la Mar.
-¿Osáis dar ordenes a la Inquisición? -preguntó Nicolau.
El consejero no apartó la mirada de Nicolau Eimeric.
-Por segunda vez -advirtió-. La host os ordena entregar al cónsul de la Mar de Barcelona.
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